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Era el caso de Carlos, un joven de 26 años que hasta hace tres años se dedicaba a realizar grandes pedidos de camisetas para después distribuirlos a terceros . Para eludir el cerco de las autoridades, las webs van migrando sus dominios, por lo que Carlos no tuvo ningún comerciante fijo en los casi cuatro años que estuvo llevando a cabo esta práctica. «Hacía las veces de intermediario, al traer de una vez varias prendas los gastos de envío se reducen y gracias a ello me sacaba entre 7 y 10 euros por cada una que vendía después».